En Estambul, estos ojos azules no son solo decoración. Son un gesto. Nazar — el mal de ojo — colocado para proteger de aquello que no debería atravesar el umbral. Aquí se multiplica sobre una puerta hasta que la protección se convierte en patrón.
Círculos de cobalto profundo y turquesa suavizado se superponen como un campo de vigilancia. Alerta sin alarma. Incluso los pesados aldabones con cabeza de león pasan a formar parte del ritual — guardianes sosteniendo guardianes.
Encontrado en las capas más antiguas de la ciudad, donde la creencia aún vive en los detalles cotidianos, este muro no habla de miedo. Habla del cuidado hecho visible.
Fotografía de Alexander Pelsmaekers.
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