Este muro no florece — se mantiene firme. Una multitud densa de cactus se alza en verdes superpuestos, cortados por la sombra y un ritmo vertical afilado. Todo aquí es presencia: pieles gruesas, bordes protegidos, una resiliencia silenciosa. Bajo el calor de Sevilla, la imagen se siente menos simbólica que exacta — la supervivencia convertida en patrón, la repetición como fuerza. Un jardín sin suavidad, un club de plantas que no se doblan con facilidad, pero resisten con el estilo intacto.
Fotografía de Trui Vermeire.