Aquí, la ciudad se desatura con intención. Arcilla, tiza y verdes suavizados se posan en un paisaje que se siente más recordado que observado — en parte fragmento de memoria, en parte sueño arquitectónico. En la amplia extensión parda, ella es demasiado pequeña para el espacio. No corre, no posa, no mira atrás. Simplemente camina. Sànbù — un paseo sin propósito, el movimiento como contemplación. Los edificios guardan su distancia, los árboles suspenden su peso, y el tiempo parece aflojar su agarre. En Shanghái no hay consignas, ni grafitis que griten o juzguen. Solo un recordatorio silencioso de la vida cotidiana — desde ayer hasta hoy.
Fotografía de Philippe Pelsmaekers.
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