A primera vista, se lee como un alfabeto olvidado — parte código, parte ritual, parte onda sonora congelada sobre papel y pegada en la calle. ¿Es un idioma a la espera de ser descifrado? ¿Una escritura sin gramática? Los círculos repetidos laten como pulsos, los colores duplicados vibran como un eco visual.
Este muro no se comporta como escritura. Se comporta como señal. No es un mensaje, sino una transmisión — una frecuencia, afinada de manera distinta por cada transeúnte.
Encontrado en los pliegues artísticos de Montmartre, donde los muros cambian a menudo — este no pide quedarse. Simplemente sale al aire por un instante.
Fotografía de Philippe Pelsmaekers.
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